Una familia muy pobre tenía un criado que trabajaba desde primera hora de la mañana hasta última hora de la tarde, a cambio de alojamiento y manutención, por el salario habitual en aquella época de 20 céntimos al mes.
El criado siempre iba a la iglesia. Por eso dividía sus 20 céntimos para echar cada domingo 5 céntimos en el cepillo. Siempre irradiaba una gran gratitud porque Dios le daba todo lo que necesitaba para vivir.
Cien años después, discutimos sobre la nueva pobreza y los salarios excesivos. Ese criado había comprendido mucho de los principios de Dios y de la riqueza celestial. Nuestra prosperidad y nuestra insaciable codicia nos han destruido literalmente las relaciones sanas y necesarias para la vida.
Jesús señaló a sus discípulos a una viuda pobre que solo podía echar una pequeña cantidad en el cepillo: «Ella ha dado más que todos los demás. Todos ellos solo han dado algo de su superfluo. Ella ha dado todo lo que ella misma necesitaba urgentemente para vivir».
«Esta pobre viuda ha dado más que todos los demás».
dijo Jesús en Marcos
¿Cómo gestionas el acto de dar?
Texto semanal: Marcos 12, 41-44

