Agua de manantial
09. mayo. 21

En la plaza pública alguien grita: «El que tenga sed, venga a mí. Ven y compra. No hay nada que pagar. Lo que consigues con el dinero que ganas a costa de mucho esfuerzo no te satisface. Ven a mí y encontrarás la vida!». Jesús alude a las palabras del profeta Isaías (55:1) y así invita a todos a poner su confianza en él. Al hacerlo, se da a conocer como el Enviado de Dios, el anhelado Salvador. El que cree en él recibe la vida eterna y entra en la familia de Dios.

Y hay mucho más. Después de regresar al cielo (en su ascensión), Jesús envía al Espíritu Santo, que es un abogado para nosotros y el garante de la vida eterna. Con él, los que siguen a Jesús reciben poder para proclamar el evangelio de liberación a su alrededor. Esta Buena Nueva es como una fuente inagotable que se extiende por todo el mundo.
El discípulo de Jesús es testigo de la frescura del «agua de vida».

¿Bebes de esta fuente?

¡El que tenga sed, venga a mí; el que cree en mí, que beba!

Palabras de Jesús en Juan 7, 37

¿Qué piensas de la fuente de la que Jesús está hablando?

Texto de la semana: 2 Corintios 5, 17-21

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